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Columnistas
        Un hueco para la opìnión, para el análisis y para el Squash, contaremos con los mejores artículos de nuestros colaboradores, y esperamos que con vuestra colaboración



Chimo: Porque Einstein no jugaba a Squash

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nueva imagenPorque Einstein no jugaba a Squash

En estos últimos días los cimientos más básicos de la Física tradicional se están tambaleando; al parecer y para quien no lo sepa, Albert Einstein, en 1905, dejó claro en su Teoría de la Relatividad Especial que ninguna partícula con masa podía viajar más rápido que la luz –vamos, para que lo entendamos todos, ni siquiera Borja Golán-. Los científicos tenían esta regla como un pilar fundamental en el que se basaban todos los conocimientos actuales de la física moderna. Pero ahora resulta que unos tipos en Ginebra con bastante tiempo libre han conseguido que unas partículas subatómicas con nombre de zumo de naranja (“neutrinos” se llaman las muy cabronas) se desplacen más rápido todavía. Total, que a los sesudos científicos que se ocupan de estos temas tan importantes el descubrir a estas alturas que Einstein era un pringado los tiene en tal estado de shock que sólo se ponen de acuerdo en una cosa; de momento este descubrimiento no sirve absolutamente para nada.
               

   Pero yo me he puesto a pensar a ver si resulta que con el Squash nos está pasando lo mismo, si las reglas de toda la vida de cómo jugar bien a esto están equivocadas y si, como Einstein, Jonah Barrington, Neil Harvey o John Milton son unos patatas que no saben lo que dicen. Me refiero a ese rollo de la profundidad de bola, del juego básico, de pegar la bola a la pared, y de arriesgar poco y correr mucho. Y digo esto porque de un tiempo a esta parte, viendo en acción a los mejores jugadores del mundo y a lo más laureado de nuestro circuito nacional, cada vez más aparecen golpes, movimientos, recursos y formas de hacer abiertamente contrarios a lo académicamente correcto.


   La primera, entrar con el pie cambiado; cuando empiezas te enseñan como algo fundamental que debes entrar a la bola con el pie contrario al lado al que vas. Te sueltan un rollo del camino más corto, de salirte antes y de la distribución de la carga de tu peso. Vale, de puta madre, entonces ¿Por qué ahora todos los jugadores entran a la bola con el pie que les viene en gana? La segunda, es fundamental que te pongas de lado para que la bola te llegue atrás. Luego viene una historia sobre que la dirección a la que miran los hombros y la trayectoria de la pelota son un matrimonio indisoluble. Perfecto, pero yo veo que, sobre todo de drive, los top-ten muchas veces le pegan de frente. ¿Qué pasa aquí?nueva imagen 2


   Vamos con los golpes. ¿No habíamos quedado en que para que la cruzada sea buena debe pegar en la lateral un poco después del cuadro de saque? Pues yo veo cada vez más el recurso de la cruzada desde delante a la puta T. En bolas no muy complicadas y con algo de altura y tiempo, muchos jugadores PSA usan una bola muy rápida al centro, buscando el cuerpo del rival que no tiene tiempo ni de levantar la raqueta. Por no hablar del recurso cada vez más frecuente al Skip-Boast. Este golpe es una paralela desde el cristal   aparentemente mala porque pega en la misma esquina entre la frontal y la lateral (o sea, en el Nick) pero que cuando se le pega fuerte a la bola, ésta sale en diagonal como si fuese una cruzada haciendo mucho daño al oponente. Al primero que se lo vi hacer, hace ya años, fue a Albert Codina, que rompía la bola. Empecé pensando “qué suerte que tiene este tío” hasta que cuando iba por el 5º o 6º me di cuenta que la bola la dirigía allí. Ahora lo hace cada vez más gente.

Un ejemplo claro de lo que estoy diciendo es el estilo de juego egipcio, sobre todo el de Ramy Ashour. Ramy es la antítesis de lo que podríamos denominar el squash clásico; técnicamente no es nada ortodoxo, se coloca un metro por delante de la T, suele evitar si puede los rallys atrás, asume niveles de riesgo altísimos, saca golpes raros cada dos por tres y basa su juego en la rapidez y en la inspiración cuando no en la más pura y simple improvisación. Sin embargo no le gana nadie. Ramy es el puto neutrino que rompe las sagradas reglas del squash clásico. Habría que preguntarse si su forma de jugar va a tener continuidad (hay una buena generación de egipcios jóvenes que juegan muy parecido) o va a ser flor de un día. En cualquier caso, de haberse conocido, no creo que a Einstein le hubiera hecho la más mínima gracia. Por cierto, fijaos en la foto de Ramy, totalmente de frente, la muñeca tonta, el golpe a medio terminar, el otro brazo caído, un desastre…

Última actualización el Lunes, 10 de Octubre de 2011 09:27
 

Chimo: La tentación vive arriba.

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LA TENTACION VIVE ARRIBA.

Es el título de una peli del año 1955 del genial Billy Wilder; Tom Ewell –de rodríguez-  tenía que “soportar” la presencia de una inocente  Marilyn Monroe en el apartamento superior al suyo y ser testigo de cómo se le levantaba la falda a la legendaria rubia al pasar por encima de una rejilla del metro en una de las escenas más famosas de la historia del cine. En el squash pasa exactamente lo mismo, la tentación vive arriba, es decir, en la cabecita de cada uno de nosotros. Cuando jugamos, todos sabemos más o menos qué es lo que está bien y qué es lo que está mal, qué debemos hacer y qué no, cuál es el camino correcto para lograr nuestros propósitos. Pero en nuestra mente tenemos al diablillo de marras que nos invita siempre a tomar un atajo lo cual suele ser casi siempre nuestra perdición.

Me explicaré, cuando el partido se hace largo, duro y exigente física y mentalmente todos tenemos claro que si aguantamos la bola atrás y no arriesgamos lo normal es que nos llevemos el gato al agua; pero claro, eso requiere mucho esfuerzo. Es entonces cuando surgen las tentaciones, el camino corto, el fácil. ¿Qué es lo que solemos hacer cuando le vemos  las piernas a Marilyn?

Lo primero es jugarnos los restos. La teoría dice que se debe restar atrás en paralelo o en cruzado pero  “¿Y si me la juego y me entra?  Al otro lo hundo y el partido es mío”. Y para eso, para restar mal,  tenemos un surtido amplio de malas ideas, la volea-dejada a un dedo de la chapa, la volea cruzada al Nick, el boast a dos paredes y mi favorito, el boast invertido. La tentación es fuerte, nos la jugamos y la cagamos. Lo segundo es hacer boast durante un rally cuando puedes hacer paralela

; claro, para la paralela hay que moverse más rápido, llegar un poco más atrás, esforzarse más, no problem, tiramos de boast a ver si suena la flauta y,  o hacemos chapa o nos cazan con una dejadita bien hecha y adiós al punto. Lo tercero, buscar el Nick cruzado en vez de la dejada paralela, “sí, es más arriesgado, pero si me entra se cae el estadio”; de puta madre, por supuesto la bola bota, toca la lateral y sale hacia arriba para que el contrario nos remate. Lo cuarto, la dejada desde el cristal cuando el punto clave se alarga más que un día sin pan, “como me entre lo trinco cagando”. Ya sabéis lo suele pasar, otra chapita al zurrón.

Estas son las típicas pero el repertorio de fantasías animadas de ayer, de hoy y de siempre es inagotable; chimeneas, filadelfias, planchas me juego la vida y demás gilipolleces que nos salen una vez cada dos años están esperando en nuestro cerebro a que venga el diablillo de las malas ideas a recordarnos que existen. Qué agradable es sucumbir a la tentación y qué cara se nos queda cuando nos pasa lo de siempre.

Y esta lucha entre lo que hacemos y lo que deberíamos hacer no sólo nos ocurre durante los partidos; está presente en todas las facetas del juego. Como regla general, todo lo que es duro, cansado y aburrido nos hace mejores jugadores y todo lo que es divertido, banal y frívolo nos perjudica. Cuando quedas con tu colega de los martes ¿Cuántas veces os habéis propuesto entrenar rutinas en vez de jugar la partidita de marras? ¿Cuántas veces lo habéis hecho? Cuando lleváis 3 minutos de boast-paralela sale la pregunta “nene, ¿pasamos de este rollo y jugamos?”, el otro, con cara de resignación más falsa que un billete de 30 euros,  acepta encantado y adiós entreno. ¿Cuántas veces te has ido al club con la férrea determinación de hacer una sesión de técnica individual –“esta vez sí, por mis huevos“-  y cuando se te acerca uno al que han dejado colgado te pones a jugar con él? ¿Cuántas veces has ido al club con la sana intención de hacer preparación física y has acabado en el bar delante de unas cervezas? ¿Cuántas veces has llegado al club con la antelación suficiente para hacer un calentamiento serio antes de una partida de liga? ¿Cuántas veces has dedicado a estirar el tiempo necesario tras un partido?

No sé si ante estas preguntas os sentís retratados o no pero seguro que muchos de vosotros os habéis visto en estas situaciones y habéis caído en la tentación de lo más fácil; a jugar que mola más, tranqui, Pepe, jugamos juntos, ya haré el físico otro día o mierda, otra vez con el tiempo justo. A mi desde luego me ha pasado un montón de veces y el que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Vale que no somos jugadores profesionales, que el squash no es más que un hobby y que el objetivo nº 1 es hacer ejercicio y divertirse. Pero todos vivimos este deporte con una pasión que yo creo que no existe en otros menos exigentes. Cuando el squash te atrapa ya no hay vuelta atrás y lo vives de una manera bastante extrema, como si volviésemos a ser niños otra vez. Es frecuente ver a jugadores veteranos que ya no cumplirán ni los 30 ni los 40 maldecir y lamentarse porque no les sale un golpe o porque pierden con el de siempre. Las excusas son el pan nuestro de cada día; que si la pista resbala, que si tengo el grip gastado, que si me han tangado 4 strokes, que si ha metido 4 cañas por juego, que si…  Pero ninguno tiene la capacidad de autocrítica para reconocer que no entrenó cuando debió hacerlo, que no hizo físico cuando tocaba, que no calentó como es debido y que durante el partido se jugó más bolas que un tahúr del Mississippi. Lo único que tenemos que intentar es ser un poco más disciplinados antes, durante y después de los partidos y acordarnos de Marilyn para no caer en lo que ya sabemos. Eso sí, con esas piernas, fácil no es.

Última actualización el Miércoles, 29 de Junio de 2011 07:16
 

¿Me arbitras esta partida?

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¿Me arbitras esta partida?

Puede ser la pregunta más odiada en los campeonatos; siempre la hace el mismo, cara de desesperación, ojos idos, carpeta en mano llena de papeles y bolsillos llenos de bolígrafos y pelotas, o sea, el juez árbitro. Genera diásporas espontáneas que desafían la velocidad de los polos opuestos. “Es que tengo que estirar, me ducho y vengo enseguida, es que nos vamos al hotel… “ Lo habitual, salimos por piernas con la excusa más peregrina y el marrón que se lo coma otro. Pero, ¿De verdad es un marrón eso de arbitrar? No sé qué opinareis vosotros pero yo lo tengo clarísimo, lo es.

La primera vez que me metieron en un fregado de estos fue –creo recordar- en 1992, ya ha llovido; yo estaba en Madrid viendo un Open Internacional, me parece que en el Abasota y el Juez Arbitro se me acercó y dándome la carpetita me dijo, “Chaval, pítame la partida de la pista 3”. Yo me voy a la pista 3 con el pecho henchido de orgullo y me encuentro a Jonas Gornerup y a Agustín Adarraga. Balbuceo primer juego, cero cero y empieza el baile. No pude hacerlo peor, con sólo dos años de squash a mis espaldas mi único mérito como trencilla era saber contar hasta 9 con cierta solvencia, más allá de eso, la nada existencial. Frente a mí, dos jugadores PSA con el culo pelado; fue un auténtico desastre, cada vez que Adarraga me miraba yo tragaba saliva y asentía mientras Jonas se subía por las paredes. Yo era consciente de que Agustín me estaba llevando al huerto, que me estaba presionando, pero sencillamente no pude hacer nada. Ganó Adarraga 3-1 y yo me fui al hotel con una depresión de caballo, jurándome a mí mismo que jamás volvería a arbitrar ni siquiera una partida de futbolín. Con el tiempo me he dado cuenta de que la culpa no fue mía sino del cabroncete que me metió en el embolado, mi único error fue no tirarle la carpeta a la cabeza cuando vi los angelitos que me esperaban en la pista 3.

Después con el paso de los años y con algo más de experiencia me he “enfrentado” boli en ristre con toritos nada fáciles de lidiar; Hansi Wiens (ex nº 8 del mundo), Jonathon Power, Borja Golán y bastantes jugadores internacionales de relevancia más modesta en torneos menores PSA y en algún Campeonato de Europa. He pasado por la indescriptible experiencia de haber arbitrado varias veces a Salvador Miró –“agradable trance” que recomiendo a cualquiera que quiera doctorarse en estos saberes- y en estos últimos 2 años me ha tocado arbitrar a todos los mejores jugadores españoles en semis y en finales de torneos nacionales y en Campeonatos de España, individuales y por equipos. No puedo decir que lo haga bien pero sí que a mis 48 años y después de más de 23 jugando y arbitrando tengo algo de experiencia. Así que cuando os vengan con la preguntita de marras –“¿Puedes arbitrarme esta partida?”-, aparte de no huir, os doy mi opinión sobre 4 cosillas que a lo mejor os pueden ayudar.

En primer lugar, tratad de no tener un papel estelar, las partidas las protagonizan 2 personas, no tres. En la medida de lo posible intentad trabajar con un perfil bajo, pasad desapercibidos salvo que la actitud de los contendientes lo haga imposible. No uséis los recursos sancionadores del reglamento salvo que sea imprescindible, interpretad con criterio laxo y generoso la “libertad de expresión” de los jugadores. Segundo, sed rápidos a la hora de tomar decisiones, no os alarguéis demasiado pensando –ni se os ocurra morder el boli, canta mucho- porque los jugadores se os echarán encima apelando ambos y condicionándoos: cuanto antes tomas una decisión y más alto la transmites, más fácil resulta que la acepten. Tercero, mantén siempre el mismo criterio; si eres estricto con los no-lets o concedes fácilmente los strokes, que sea igual para los dos. Poco a poco los jugadores sabrán a qué atenerse y acertado o no tus decisiones serán más justas.

Muchas veces en cuanto tomas una decisión en un partido por dentro sabes que te has equivocado, que se te ha calentado la boca concediendo o negando algo, que te has precipitado; el problema es 

patxi

que no puedes volverte atrás porque supondría una merma a tu autoridad. En esos casos, mantente firme pero, por favor, no trates de compensar tu error en un momento posterior –rollo “a la próxima le echo una mano”-; ni se te ocurra, es el principio del fin, simplemente asume tu error y trata de no equivocarte más. Piensa que si el perjudicado pierde la partida no es por la labor arbitral sino por su culpa.

Por último, y esto supongo que generará bastantes opiniones en contra –sobre todo la de mi amigo Patxi-, yo trataría de no ser excesivamente reglamentista, mirad menos la normativa y tirad más de sentido común. No digo que, por supuesto, no haya que respetar la letra de la ley pero hay situaciones que se solucionan mejor y de forma más justa con juicios más salomónicos que técnicos. Patxi se sentiría más cómodo si pudiese arbitrar con el reglamento en la mano, parando el partido para ver en qué artículo y en que párrafo se alumbra la solución a la jugada dudosa –de hecho, os adjunto foto de Patxi en acción-, yo creo, en cambio, que a veces es más sano tener poca memoria.

Última actualización el Jueves, 02 de Junio de 2011 08:30
 

Chimo: El ojo de Halcón del squash

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El Ojo de Halcón

En el último torneo PSA que he estado viendo por Squash TV se ha incorporado como novedad –por lo menos yo lo he visto por primera vez- la posibilidad de apelar las decisiones de los árbitros pidiendo un “Video Review” para determinadas jugadas. El jugador que no está conforme con la sentencia de los jueces, recurre y la retransmisión te enseña la jugada a cámara lenta, vista desde la pared frontal. Hay un 4º árbitro que viendo la repetición de la jugada toma la decisión definitiva. Lo primero que me vino a la cabeza fue lo que supongo que pensamos todos: “Coño, como el ojo de halcón del tenis, mola”. Superada la sorpresa inicial, se me empezaron a ocurrir pros y contras al invento; voy a compartir aquí con todos vosotros mis reflexiones, seguro que no todas lúcidas, pero como siempre, para opiniones colores.

Ante todo que quede claro que me parece positivo cualquier intento de que las decisiones arbitrales se ajusten más al reglamento y sean más justas. Vi bien ampliar el número de árbitros de 1 a 3 y entenderé como un avance cualquier ayuda tecnológica que contribuya a tan loable fin (¿Alguien duda que sería bueno tener un sensor en la chapa que te avise de cuando la bola toca o no la misma?). He de reconocer, además, que los jugadores asumían las decisiones del Gran Hermano con resignación y tranquilidad. Lo que ocurre es que - a diferencia del tenis, en el que quien toma la decisión es una máquina-, en squash quien sentencia sigue siendo una persona (un 4º árbitro). La “Oficial Review” no deja de convertirse en un recurso a un tribunal superior.

Y aquí viene el problema: un tipo viendo una repetición por video desautoriza a 3. Yo personalmente me sentiría mejor si quien me corrige es una máquina, no otra persona. Porque este cuarto juez ¿Qué ventaja tiene frente a los 3 primeros? ¿Qué sabe más y es mejor árbitro? Evidentemente, no. ¿Qué ve la jugada repetida a cámara lenta? Personalmente opino que una jugada vista de esta forma se aprecia peor que a velocidad normal y más aún desde la pared frontal.

La repetición ralentizada es perfecta, por ejemplo, para ver un fuera de juego en fútbol o si la pelota traspasa o no la línea de gol, pero no creo que sirva para el squash. En nuestro deporte hay muchos lances que no son blanco o negro y los jugadores sólo pueden exigir que la gama de grises sea la misma para los dos. Hay jugadas dudosas en las que no hay decisiones correctas al 100% (puede ser let o no-let, o puede ser let o stroke) pero nadie se puede quejar si el criterio con el que se juzgan siempre es el mismo. Arbitrando partidas del circuito nacional –y a buenos jugadores- me ha ocurrido que tras una petición de let, uno de los contendientes reclama el stroke y el otro un no-let ¿Cómo es posible? ¿Es más justa o mejor una decisión porque la toma una instancia superior? ¿O me quedo más tranquilo porque tengo el derecho al pataleo?

Si seguimos este sistema, propongo el siguiente paso; cuando un jugador pida let que se ponga la repetición de la jugada en una pantalla grande y que sean los espectadores los que decidan mandando un SMS con un nº, espacio, y las palabras let, no-let o stroke. La decisión no será la más justa, ni la más legal, ni seguramente la mejor, pero sí la más democrática. El comentarista del torneo tenía a su lado a un jugador profesional y mientras esperaban la sentencia de la “Oficial Review” daban su visión de la jugada y solían coincidir con la decisión tomada; sorprendentemente, en bastantes ocasiones la revisión adoptaba otra diferente. Llegaron a bromear varias veces en plan “vaya día, no damos ni una, juraría que eso no era let”. De la misma forma, yo, delante del ordenador, veía jugadas bastante claras a velocidad normal y que a cámara lenta despertaban dudas. La sensación final era que me hubiese quedado mucho más tranquilo con una primera impresión rápida de la jugada –lo cual responde más a la esencia del juego- que con 4 repeticiones de alta definición. El esfuerzo, loable, pero para mí, las cámaras superlentas y la alta definición sólo sirven para ver cómo vuelan las gotitas de sudor de los jugadores y la posibilidad de apelar a un 4º árbitro en base a esto no creo que haga que el reglamento se aplique de forma más justa.

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Última actualización el Martes, 10 de Mayo de 2011 14:44
 

El Derby del squash nacional

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El Derby

Si estuviésemos hablando de fútbol, la palabra “derby” sólo podría estar referida a los dos contendientes que todos conocemos; si hablamos de squash hay que cambiar al Real Madrid por el C.D. Castellón. Si buscamos una partida que se haya repetido con insistencia en el circuito nacional en los últimos años, normalmente en la final, tenemos que acabar, sin duda, en el clásico Oriol Salviá contra Alex Garbí. Dejando aparte a Borja Golán, que parece que juegue a otra cosa, los dos mejores jugadores del ranking de la Federación Española son estos dos angelitos que 3 o 4 veces al año nos deleitan con unos duelos llenos de emoción, ritmo y buen squash. A pesar de que Oriol es más de 7 años mayor que Alex, normalmente suele ganar el primero, aunque no siempre; sus enfrentamientos siempre están presididos por una buena dosis de incertidumbre y ello, en mi opinión, por dos razones básicas. Primero, porque ambos son excelentes competidores, cuanto más importante es la partida y más está en juego, más y mejor rinden en la pista, y segundo, porque los dos tienen estilos de juego muy diferentes.

Vamos con Oriol; desplaza muy poco peso y es bastante rápido, se mueve muy bien por la pista y eso, unido a que en sus partidos la bola suele estar muy caliente, hace que sea muy difícil poner una bola a la que no llegue. Para su edad tiene una condición física envidiable y, sobre todo, una solidez mental y una capacidad de concentración extraordinarias. Hace gala de una paciencia casi infinita, parece que no se canse de jugar puntos interminables, sobre todo en el primer juego, asume muy pocos riesgos, tiene un gran ritmo de bola, casi asfixiante, le cuesta tomar la decisión de poner la bola delante y desgasta muy bien a su rival con el boast a dos paredes para hacerle correr diagonales. Comete muy pocos fallos –chapas- y sus primeros juegos suelen sentenciar los partidos.

Alex es más corpulento y alto y tira más de fuerza y de potencia muscular; pese a su envergadura es muy elástico y muy rápido llegando a bolas inverosímiles. En cambio, sufre algo más que el catalán cuando la partida se alarga. Es un jugador tremendamente agresivo, baja la bola con fuerza tanto de revés como de drive y aunque cuando es necesario tiene toda la paciencia precisa, su naturaleza es mucho más ofensiva que la de Oriol. Busca el nick desde cualquier punto de la cancha, tiene el mismo ritmo de bola o más que su rival, mayor abanico de golpes, aunque con un horizonte temporal más corto. Sabe sufrir como el que más y aguanta especialmente bien con el marcador a favor.

Los duelos entre ambos casi siempre se deciden en el primer juego; Oriol trata de alargar los puntos todo lo que puede –que es mucho-, trata de ir minando poco a poco la resistencia de Alex haciendo que sus golpes pierdan precisión y potencia, juega sobre todo atrás sin asumir casi ningún riesgo (alguna dejada o boast de aproximación). Cuanto más largo sea el primer set mejor para él. Alex, por su parte, trata de aprovechar la primera fase del partido en la que está fresco para marcharse en el marcador, coger algo de renta que le permita llegar al final del juego con ventaja, para él es clave llevarse el primer parcial. Trata de aprovechar al máximo sus oportunidades, es agresivo aunque selecciona muy bien lo que pone delante. De vez en cuando ralentiza los rallys con bolas blandas y profundas, baja el ritmo para coger aire porque tiene una gran capacidad de recuperación en muy pocos segundos. Los dos saben que si el primer juego cae del lado del catalán la partida está casi sentenciada, si no es así, a Alex todavía le queda sufrir en el 2º.

 Hace unas semanas se vivió en Palma la última edición de este clásico, en la final del Memorial Fernando Vidal. Los dos llegaron a la misma bastante enteros de físico, con caminos casi similares durante el torneo; esta vez ganó Castellón. Como siempre, lo mejor en el primer set, 11-9 para Alex con un ritmo trepidante durante casi 20 minutos de duración. Parecía que no iba a aguantar la típica remontada de Oriol viniendo desde atrás pero lo hizo. El de Barcelona lo sometió a un gran desgaste a partir de la mitad de este primer parcial, con muchos boast a dos paredes que obligaron a Alex a hacer un sinfín de diagonales, pero el de Castellón fue siempre por delante y así juega en su salsa, administrando marcador y físico.

En el segundo, Alex nos sorprendió a todos con una salida muy fuerte; cogió ventaja muy rápido castigando a Oriol con dobles paredes muy ajustadas que clavaron a su rival las más de las veces. El catalán siguió con su labor de demolición haciendo mella en Alex, pero cada vez que se acercaba un ganador de Garbí le hacía respirar. Alex ganó el segundo 11-8. El tercero transcurrió con una tremenda igualdad hasta el 7-6 favorable a Oriol, ninguno conseguía despegarse del otro y ambos –también Oriol- empezaban a dar muestras de cansancio. Con el 7-6 mencionado Alex se sacó de la manga un parcial de 5-0 con un juego sólido y preciso, terminando cada punto con autoridad. 3-0 y hasta la próxima.

Ese Domingo, en el bar del club, me encontré con Alex instantes antes de empezar a calentar y le pregunté qué iba a hacer esta vez, si se le había ocurrido algo nuevo para hacer daño a su rival (después de tantas veces, ¿Se puede inventar algo?). Alex me dijo que había estado viendo videos de otras partidas con Oriol y que iba a probar algo que se le había ocurrido; seguí la partida fijándome en si durante el juego ponía en práctica lo que me había contado. Siguió el guión a la perfección y esta vez todo le salió bien, ¿La próxima? Independientemente de quien gane, espero que los dos nos sigan regalando ratos de squash como estos durante muchos años, gracias ambos.

Os dejo un video que ilustra el artículo en parte. Son los primeros 6 minutos del partido que Oriol y Alex disputaron en Palencia en Septiembre de 2009.

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Última actualización el Martes, 12 de Abril de 2011 01:57
 

Chimo: Como se juega a esto

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Cómo se juega a esto

  Asumimos como normal, cada vez que nos compramos algo –una lavadora, una nevera, etc-, que el artilugio venga  con un manual de instrucciones; si tenemos algún problema, cogemos el librito y una lupa y resolvemos nuestras dudas, así de fácil. En mis frecuentes momentos de desesperación, cuando no me sale nada en la pista, he pensado muchas veces lo bien que me vendría poder consultar algo parecido. Porque reglamentos y normativas aparte, ¿Alguien conoce algún sitio donde ponga cómo se juega al Squash?

   Si tuviésemos que definir un estándar general de juego supongo que todos estaremos de acuerdo en que al squash se juega poniendo la bola atrás con profundidad y potencia esperando el fallo del contrario o bien que éste nos deje bolas fáciles en medio de la pista para, bien seguir haciéndole sufrir con más presión atrás, bien poner la bola delante para tratar de terminar el punto. Tino Casas, seleccionador nacional absoluto, dice que hay que respetar 4 máximas; profundidad de bola, no fallar, físico inagotable e imaginación delante. También parece coincidir todo el mundo en que cuanto más tiempo pasemos cerca de la T menos corremos y más hacemos sufrir al rival. Vamos a dar por bueno que todo lo anterior conforma lo que podemos llamar el Patrón Universal del Juego; la pregunta es ¿Todo el mundo lo hace igual?

   La respuesta es evidente, ni de coña, cada uno es hijo de su padre y de su madre; ¿Juega igual Víctor Montserrat que Oriol Salvia? ¿David Vidal que Alex Garbí? ¿Ramy que Wilstrop? Obviamente no, pero la realidad es que todos juegan bien, siendo jugadores diferentes, todos tienen sistemas de juego bien construidos; podemos decir que todos adaptan el patrón universal de juego a su estilo propio, cada uno lo interpreta a su manera, crea “su forma” de jugar a squash, cada uno escribe su librito de instrucciones. Al final, lo que importa es que la lavadora funcione. A veces un estilo de juego bien elaborado y seguido fielmente hace mucho mejor a un jugador de lo que sus prestaciones físicas y técnicas dan de sí; otras veces es exactamente al revés, jugadores con extraordinarias condiciones y talento para jugar a squash sufren más de la cuenta por tener un mal patrón de juego –o por no tenerlo-.

  El squash es un juego lleno de situaciones diferentes, ninguna bola es igual que otra, todo cambia según la posición de cada contendiente, la potencia del golpe, el cansancio del rival, etc, pero sí es cierto que el teórico Manual de Uso te dice qué hacer en cada circunstancia, cuándo debes atacar, cuándo defender, cuándo tratar de acabar el punto, cuándo ponerte a rezar, cuándo tener paciencia, cuándo arriesgar. Cada uno interpreta el manual a su manera y lo adapta, pero si tienes el guión bien grabado en la cabeza y lo sigues fielmente, eres mucho mejor jugador y si encima éste está bien escrito, miel sobre hojuelas. Yo suelo decir a mis alumnos, cuando hablamos de táctica, que no hay nada mejor que ser previsible, que tienen que generar automatismos tácticos y responder a cada situación como una maquinita que no piensa. Los que compiten con frecuencia saben que cuando aflora el cansancio no empiezas a perder porque dejes de correr o porque ya no llegues a las bolas, el principio del fin aparece cuando empiezas a tomar decisiones equivocadas, no es que hagas mal el golpe, es que te equivocas de golpe. Tan importante es la solidez física como la mental, si eres capaz de aguantar de coco y pese a la fatiga seguir fielmente tu patrón de juego tienes muchas más posibilidades de ganar que si caes en la improvisación y en el riesgo desmedido –el rollo de “me lo juego todo” casi nunca sale bien-.

  La buena noticia es que esto del patrón de juego se puede aprender a cualquier edad y es igual de útil cualquiera que sea nuestro nivel. Ya dije hace unas semanas que hay defectos técnicos “congénitos” que es casi imposible corregir; a determinadas edades, con años de squash a medio camino entre el caos y la pachanga, atinar la distancia a la bola, cambiar el molinillo por una muñeca firme y aprender en la pista pasos de ballet es muy difícil.

  Ahora bien, saber en cada momento que golpe hay que ejecutar y porque, es perfectamente posible. Eso sí que se puede enseñar y aprender y es muy gratificante comprobar como alumnos con una perspectiva de mejora técnica limitada son capaces de subir de nivel simplemente ordenando su esquema de juego. La clave está en transmitirles un patrón de comportamiento y de toma de decisiones adecuado, por aburrido y previsible que parezca; en caso de duda, repetir la bola atrás, no entregar boast de forma frívola, jugar delante casi siempre en paralelo, no arriesgar con los restos, olvidarse de chimeneas, boast invertidos y boast cortos, los giros de cuello, taxis y filadelfias, con cuentagotas y al principio de los sets, etc. Soy consciente que esperar y tener paciencia, que arriesgue el otro y reaccionar casi siempre igual es un perfecto coñazo, pero chico, aquí se trata de ganar la partida y como decía Alfredo Di Stefano, “el que quiera espectáculo, que se vaya a ver el bombero torero”.

Última actualización el Jueves, 10 de Marzo de 2011 12:19
 

Chimo: El Squash en una palabra

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EL SQUASH EN UNA PALABRA

   ¿Alguna vez habéis tratado de retratar el deporte que jugamos, vemos y adoramos con una sola palabra? No una  definición puramente descriptiva, sino encontrar la clave de la esencia del juego, el factor que hace que un jugador sea mejor que otro. Hace unos años, el nº 1 mundial de entonces, el canadiense  Jonathon Power, paso unos días de vacaciones en Palma de Mallorca y estuvo acudiendo a entrenar al Club de Squash Elite con cierta regularidad. Incluso se organizó un campeonato de exhibición con los mejores jugadores de la isla –Salvador Miro y Toni Antunell- y algunos de Barcelona –Víctor Montserrat y Oriol Salvia-. Como os podéis imaginar, durante su estancia, los paquetillos del club estuvimos revoloteando a su alrededor a ver si se nos pegaba algo aunque solo fuera por compartir con el una cerveza. El tipo aguantó el acoso con su perpetua sonrisa y casi al final de su estancia uno de nosotros le hizo la preguntita de marras;”Jonathon, define el squash con una sola palabra”. Power se quedó pensando un rato (en plan, vaya, que pregunta tan interesante) y su respuesta fue Ritmo.

   Supongo que todos estábamos esperando algo menos etéreo, como Profundidad de Bola, Definición   Delante, Fuerza Física, etc. La contestación me dejó algo perplejo entonces pero ahora creo que Power tenía toda la razón. Por explicarlo con otras palabras, no importa cuántas cosas sabes hacer en la pista sino la velocidad a la que las puedes hacer. Y ejemplos de esto los podemos encontrar en gran cantidad, no importa el nivel de juego. Yo cumplí hace pocos días los 48 añitos por lo que mi squash no se basa precisamente en el aguante físico ni en la potencia, tiro de experiencia, de darle a mi bola la mayor calidad y profundidad posible y trato de aprovechar al máximo lo que mi rival me deja cerca de la T para definir delante. Mientras mi oponente cae en mi velocidad de juego, si puedo ralentizar el partido, puede llegar a parecer que mi squash es bonito, técnico y con un gran control de bola. Pero en cuanto el otro me saca de ahí, cuando consigue acelerar la partida y la pelota empieza a coger velocidad y temperatura, esto me obliga a reaccionar con poco tiempo y entonces adiós calidad, adiós profundidad y adiós precisión delante. Soy el mismo jugador, se hacer las mismas cosas y dispongo de los mismos recursos pero si me obligas a usarlos a una velocidad que no es la mía, me convierto en un completo desastre.

   La siguiente reflexión es obvia; vale, “ritmo”, de puta madre, pero ¿Durante cuánto tiempo? Hay jugadores con la suficiente capacidad técnica y táctica como para imponer una considerable velocidad al juego sin perder precisión y son realmente competitivos. El problema aparece cuando el fuelle para mantener ese listón se acaba mediado el 2º juego; su oponente que había sido avasallado en los primeros puntos, que es técnicamente inferior y con armas mucho más modestas, es capaz de usar sus recursos durante mucho más tiempo, mantiene su ritmo hasta el final e incluso lo incrementa en los momentos claves. Es la típica partida en la que sabes que si ganas es por 3-0 y en 30 minutos, como te saquen un juego o te hagan largos los 2 primeros, palmas.

   Un ejemplo paradigmático, en mi opinión, de la importancia de este factor se puede ver en 2 jugadores ingleses, Nick Matthew y James Willstrop. Considero a Willstrop uno de los mejores jugadores del mundo a nivel táctico –sobre todo- y técnico; es un placer verle jugar, como prepara los golpes, la calidad de su bola, su paciencia detrás, cómo aprovecha los errores del contrario, el toque de revés, su patrón de juego. Matthew no es manco en todo esto, es el mejor del mundo actualmente junto a Ramy Ashour, pero creo que su squash no es tan rico ni tan puro como el de su compatriota. ¿Por qué, entonces, Matthew le gana casi siempre? Por una sencilla razón, porque tiene una marcha más que Willstrop, es capaz de marcar un ritmo de partido en el cual su rival no puede desplegar su juego en buenas condiciones; no es que Willstrop no aguante físicamente, lo hace, el problema es que el otro también lo mantiene pero con una velocidad más.

   A lo largo de la vida de un jugador los golpes van y vienen; de noveles hacemos cosas con la bola que a medida que crecemos dejamos de hacer y van apareciendo cosas nuevas, impensables al principio. Pero nuestro estilo de juego suele ser siempre el mismo, es muy difícil cambiar esa especie de “perfil genético” que nos caracteriza, convertirnos en algo que no somos. Peter Barker, por mucho que entrene, jamás podrá jugar como lo hacia Power, de la misma manera que Mattew jamas se parecerá a Ramy, no esta en su naturaleza. Cada uno tiene sus armas, la cuestion es saber a que velocidad pueden usarlas y durante cuanto tiempo. Por todo lo anterior, cuando te encuentres con los colegas y te hagan la preguntita de marras “¿Qué pasa nano, que tal estas jugando?”, si os veis en un buen momento, no digáis que lo estáis haciendo bien, decid que lo estáis haciendo mas rápido.

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Chimo: La Técnica, esa señora...

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LA TECNICA,  ESA SEÑORA…

   19.30 de la tarde de cualquier día en el Club. Hoy tengo que darle clase a un tipo nuevo, de treinta y tantos, ni idea de su nivel, que se ha puesto como objetivo personal ganarle a su cuñado para que su hermana deje de tocarle los cojones. Se presenta puntual en la pista con sus zapatillas Munich de fútbol-sala, calcetines de rombos, pantalón ajustadillo, camiseta de tirantes y toda la ilusión del mundo. Además incorpora muñequera, cinta y raqueta Artengo de 10 pavos -las tres cosas-, vamos, un regalito. Me dice que tiene un pasado frontonero y que ahora juega a Padel alguna vez (“pero a Padel los colegas se la tiran siempre a mi amigo el gordo, total, que además de palmar, no toco la bola; el squash mola más, tío” –me aclara-). Tras explicarle 4 cosillas básicas empiezo a alimentarle bola, se la pongo blandita delante para que haga paralela atrás; él ataca la bola sacando el golpe casi desde los tobillos, como un swing de golf, mientras arrastra la raqueta –su Hierro 3- por el suelo como si fuera una escoba y justo antes de golpear hace un gracioso molinillo con la muñeca. Teniendo en cuenta que coge la Artengo como si fuese un batidor de alfombras, me sorprende que le pegue sin fallar a las 20 primeras bolas y que además las ponga con una profundidad atrás más o menos razonable. Entonces paro la rutina y me acerco a contarle con aire paternal de profesor experimentado todo lo que hace mal (me cuesta empezar por algún sitio porque el tipo lo hace todo mal). Manolo, que ya está jadeando, acepta mi explicación como si fuera una revelación divina, ojos muy abiertos, respeto reverencial y se apresta a seguir mis instrucciones; la pierna, la empuñadura, brazo arriba algo separado del cuerpo, ponte de lado, mira la bola, preparación, abre la cara de eso que usas como raqueta, flexiona, termina el golpe arriba, etc. Después de mi aportación, Manolo falla las siguientes 8 bolas; no es que le de mal, es que no le da a ninguna, aire total. Nos quedamos mirándonos, él desolado y yo con cara de ¿Qué coño hago yo ahora con este tío? Al final, le digo lo único que le puedo decir, “Manolo, dale a la bola como te de la gana, pero dale”. Después de todo, lo primero que me enseñaron cuando empecé mi aventura como profesor es que lo más importante que hay cuando das una clase es que el alumno vuelva.

   El personaje de Manolo es ficticio y la historia inventada, aunque todos conocemos sujetos y situaciones que se acercan mucho a la fábula de arriba. La anécdota  tiene como fin que nos preguntemos hasta qué punto es posible cambiarle los vicios adquiridos a un jugador de squash, si hacerlo es buena idea y, en suma, si la ortodoxia técnica es tan importante. En el circuito nacional hay muchos jugadores con formas pintorescas de ejecutar los golpes, desde el drive cesta punta hasta la volea martillo pilón y desde la ausencia absoluta de preparación hasta el swing molino de viento. Pero el caso es que la condenada bola va al sitio que tiene que ir y cuando juegas con ellos la frustración está garantizada –“¿Cómo puedo perder con semejante paquete?”-. Después de tener que torear con bastantes Manolos he acabado aceptando resignado que muchas veces es mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer; alumnos técnicamente desastrosos pero constantes en el esfuerzo, a pesar de su forma diferente de hacer las cosas, terminan haciendo progresos notables en su nivel de juego. Es más, cuando comienzan a moverse bien por la pista y adquieren confianza en los golpes la mejora técnica es mucho mas sencilla. No se si mi opinión tranquilizara a aquellos jugadores poco ortodoxos en su juego pero estoy seguro que ayudara a muchos profesores que se enfrentan a ellos semana tras semana y que chocan contra un muro aparentemente infranqueable. Eso si, hay taras técnicas que llegado el momento frenan casi por completo la progresión del alumno; con un swing helicóptero hay bolas del cristal que no se pueden sacar (los cuerpos sólidos son impenetrables) y es muy difícil hacer dejadas colocándote igual que para un pase de pecho. Pero esto a Manolo no le quita el sueño, el sólo quiere ganarle a su cuñado.

   Todo lo anterior no quiere decir que en una gran mayoría de casos la técnica no sea algo fundamental en el progreso deportivo de un jugador. Es especialmente importante en el desarrollo squashistico de niños y juniors. En estos, la corrección del gesto técnico es clave para su futuro como jugadores de alto nivel y todas las horas que pasemos con ellos ayudándoles en esta faceta, por espesa y aburrida que sea, se verán recompensadas mas adelante. A esas edades, los alumnos son como esponjas y absorben las indicaciones con una rapidez que para si quisiera Manolo. De hecho, todos los mejores jugadores del circuito nacional lo son porque de pequeños pasaron horas y horas trabajando esta parte del entrenamiento. Para estas edades, la disciplina técnica debe ser rigurosa. Para los demás, Manolo incluido, cada uno que haga lo que pueda sin obsesionarse. De hecho, los más veteranos recordaran a Peter Marshall, jugador que llego a ser Top Ten durante algunos años y que golpeaba la pelota de drive y de revés con las dos manos, tanto desde el cristal como desde delante. Y por no remontarnos tan atrás, ¿Alguno se ha fijado como prepara el nº 1 mundial, Ramy Ashour, su golpe de drive?

 

Aqui os dejamos un video de la curiosa técnica de Peter Marshall, no tiene desperdicio

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